Sueñan nuestros ojos con mundos mejores,
con pueblos que se nutran de sus bosques,
con ríos y aguas que fluyan libres y puras,
con aves y animales que encuentren refugio seguro,
con paisajes vivos que inspiren respeto y gratitud,
con comunidades que encuentren abundancia en la naturaleza viva.
Pero no esperamos al mañana para actuar hoy.
Por eso imaginamos un gran parque de esculturas,
un territorio donde cada obra convocada porte una señal:
una semilla, una pregunta, una reflexión,
una chispa capaz de encender otras miradas y otros gestos.
Conservar creando. Crear conservando.
No hay arte posible sin un planeta vivo.
Por eso, este proyecto no se limita a embellecer un paisaje:
lo cuida, lo protege, lo defiende.
Cada escultura —y las muchas que vendrán—
será a la vez guardiana y testimonio del valor de nuestros bosques nativos,
un recordatorio persistente de que el patrimonio cultural y el natural son inseparables.
Queremos que Malabrigo sea más que un área protegida:
que sea un faro, un aula viva,
un parque de esculturas capaz de abrir nuevas miradas.
Asumimos el compromiso de generar espacios, acciones y prácticas
que preserven la flora y la fauna,
que minimicen impactos,
que regeneren aquello que tocan.
No buscamos espectadores pasivos,
sino cómplices, colaboradores, transformadores.
Que esto sea más que una convocatoria:
un proyecto que active continuidad, responsabilidad y compromiso.
Queremos dejar vasos comunicantes:
redes, aprendizajes, creación en comunidad,
un legado ecológico y artístico que permanezca,
que dialogue con el tiempo
y acompañe a las generaciones futuras.
Invitamos a toda persona, desde cualquier lugar,
a ser parte de esta trama viva entre arte y naturaleza.
Malabrigo es el puente y la tierra fértil.
El arte, la voz que cuida, protege y transforma.
El Parque de Esculturas de la Reserva Natural Malabrigo es un proyecto cultural y ambiental que surge como un impulso activo por integrar el arte contemporáneo con la dinámica viva del ecosistema del sur de Entre Ríos. Concebido como un territorio donde las prácticas artísticas se entrelazan con humedales, pastizales y senderos en transformación constante, el Parque propone una experiencia en la que el visitante no solo observa el paisaje, sino que participa de un diálogo en el que naturaleza y obra se interpelan mutuamente.
Este proyecto se inscribe dentro del compromiso de la Reserva Malabrigo con la conservación ambiental, la restauración ecológica y la protección activa de sus ambientes nativos. Su misión —centrada en el resguardo de los humedales, la preservación de la biodiversidad y la promoción de un uso responsable del territorio— orienta la forma en que las obras se conciben, seleccionan y emplazan. El arte funciona así como un amplificador de esa tarea: un medio sensible y crítico que habilita nuevas formas de relación con el entorno.
En este marco, la intervención artística se materializa a través de esculturas monumentales concebidas específicamente para convivir con un paisaje en permanente cambio. Estas obras, arraigadas en un vínculo directo con el territorio, invitan a reflexionar sobre la fragilidad de los ecosistemas y la urgencia de preservarlos, al tiempo que habilitan nuevas percepciones sensoriales y conceptuales para quienes recorren la Reserva.
La misión del Parque es construir un patrimonio escultórico site-specific que acompañe el paisaje y lo complemente sin imponerse. Su eje central es potenciar la comunicación y el reconocimiento de los espacios de conservación, expandiendo la conciencia colectiva sobre su valor ecológico, social y cultural.
El proyecto busca inspirar a la comunidad a reconectar con la naturaleza y promover su cuidado a través del arte y el encuentro, en un clima de amistad, respeto y creación compartida. Cada obra está pensada para resistir las condiciones climáticas del lugar, integrarse al terreno y respetar la identidad ecológica de la Reserva. Por eso, el Parque no se concibe como una simple galería a cielo abierto, sino como una plataforma donde la experiencia estética convive con la conciencia ambiental, en diálogo permanente con las transformaciones del clima, la topografía y la vida del territorio.
El programa del Parque se desarrolla mediante convocatorias, colaboraciones y acuerdos específicos que permiten seleccionar obras bajo criterios curatoriales, técnicos y ambientales claramente definidos. Los artistas participan a través de procesos transparentes que incluyen instancias de acompañamiento profesional desde el desarrollo conceptual hasta la instalación, el montaje y la conservación.
Las decisiones curatoriales se rigen por el principio de pertinencia ecológica y por la voluntad de construir un acervo coherente, sostenible y capaz de perdurar sin comprometer la integridad del ecosistema. Este enfoque permite que esculturas monumentales y piezas experimentales convivan como un conjunto articulado, capaz de dialogar entre sí y con el paisaje, respetando los ritmos, escalas y transformaciones propias del entorno natural.
La Reserva asume la responsabilidad patrimonial de cada obra incorporada al Parque. Esto implica no solo su conservación preventiva, sino también el monitoreo permanente de su comportamiento material y ambiental, y la adopción de todas las medidas necesarias para que cada pieza pueda ser exhibida adecuadamente dentro de un territorio vivo. Para ello, cada obra cuenta con un Legajo Técnico propio que reúne la documentación fundamental para su preservación, funcionando como herramienta activa de gestión, cuidado y transmisión de conocimiento, y permitiendo intervenir, conservar y documentar con estándares profesionales acordes a instituciones nacionales e internacionales dedicadas al arte público y site-specific.
El Parque entiende la educación ambiental como una práctica transversal, inseparable de la experiencia estética. A través del recorrido, la presencia de las obras y los procesos que las rodean, el proyecto propone instancias de aprendizaje sensibles, accesibles y situadas, que invitan a comprender el valor de los humedales, la biodiversidad y los ecosistemas nativos desde la vivencia directa. El contacto con las esculturas, el paisaje y sus transformaciones habilita una pedagogía basada en la observación, el tiempo compartido y la reflexión personal y colectiva.
En este marco, el Parque se concibe también como un espacio de encuentro, donde la creación se entiende como práctica compartida y ritual comunitario. Artistas, técnicos, equipos de conservación, visitantes y comunidades cercanas participan —de distintos modos y en distintos momentos— de un proceso que no se agota en la obra terminada, sino que se reactiva en cada instancia de montaje, cuidado, recorrido y diálogo. Esta comunidad artística se configura como una red viva, sostenida por el hacer conjunto, la escucha atenta y la responsabilidad común frente al territorio.
El Parque de Esculturas de la Reserva Natural Malabrigo se proyecta así como una colección pública-privada en expansión, nutrida por nuevas convocatorias y vínculos sostenidos con artistas y comunidades. Su objetivo es consolidarse como un espacio de referencia donde arte, naturaleza y encuentro colectivo construyan sentido, fortaleciendo la conciencia ambiental, el compromiso cultural y la formación de un patrimonio vivo. Cada obra instalada no constituye un punto de llegada, sino una etapa dentro de un proceso continuo de creación, cuidado y pertenencia compartida.